Aunque anhelemos cerrar los ojos o tapar el sol con nuestros dedos, para nadie es ajena la realidad que estamos viviendo. Seamos personas ricas, pobres, budistas, cristianas, blancas, amarillas, australianas, mexicanas…, de cualquier condición,  sin excepción alguna, nos encontramos en un momento decisivo de la especie humana, enfrentando el mayor desafío de todo nuestro tiempo: el cambio climático.

Hay para quienes esta situación se acentúa en mayor medida, pero en general,  toda la población esta viviendo los efectos del calentamiento global, al cual hemos en contribuido en crecimiento desbordado.

Nuestras acciones desmedidas; falta de conciencia, de empatía y atención; la falta de cuidado y preservación de nuestra fauna y flora; así como la codicia desmedida por las grandes corporaciones trasnacionales en la obtención de nuestras fuentes naturales, han sumado como causantes  de los problemas ambientales que enfrentamos.

Nuestras formas de consumo que estriban en la adquisición de plásticos innecesarios, los cuales se desechan en grandes cantidades sobre nuestros océanos tardando cientos de años en degradarse; la emisión de enormes masas de bióxidos de carbono provenientes de actividades industriales, mineras y/o del tránsito equívoco de un sinnúmero  de vehículos; la contaminación de nuestros ríos, lagos, mares y océanos por el desemboque de sustancias químicas y/o contaminantes; la tala inmoderada de nuestros bosques y selvas sin un plan de reforestación adecuado; la caza y tráfico ilegal de animales y vegetales, llegando a la extinción de muchas especies; todo esto sumado a conflictos territoriales  y sociales que subsisten, así como la carencia de educación ambiental en el cuidado del medio ambiente, en la enseñanza adecuada para la  separación de nuestros desechos o la falta de formación para una buena utilización de los terrenos agrícolas; son una pequeña lista de las acciones que por cientos de años hemos reproducido y normalizado, perjudicando y dañando enormemente nuestro entorno, nuestro hogar.

En algunos espacios, el daño es tan brutal que es irreversible y así mismo los efectos.

El planeta entero se encuentra en  una crisis ambiental preponderante, la cual, sin la intervención, compromiso y cambio de actitudes de todos y todas, apenas podrá salvar una tercera parte del mundo entero.

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Cada día, en diferentes puntos de la geografía mundial, el planeta nos manda mensajes sobre las enormes transformaciones que está sufriendo: desde cambiantes pautas meteorológicas que amenazan la producción de alimentos, hasta el aumento del nivel del mar que incrementa el riesgo de inundaciones catastróficas.

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No cabe duda que nosotros somos el mayor enemigo  del medio ambiente, así lo ha dejado al descubierto y evidencia nuestro confinamiento social.

Elefantes o leones transitando por las carreteras de Sudáfrica; ciervos paseando por las principales calles de Japón; centenares de monos por las ciudades de Tailandia o simplemente un millar de delfines surfeando por las costas oaxaqueñas, todos ellos nos demuestran que el peor enemigo de la naturaleza es la irracionalidad del ser humano, pero sobre todo, nos llaman a cambiar nuestras formas de vida, a resarcir nuestra cosmovisión social en respeto, protección  y hermandad de la naturaleza, se habla de una conexión mística que impulse al cuidado de nuestro entorno, logrando de esta manera, preservar la existencia de la especie humana, la cual, como se ha visto, es la más frágil en el eslabón de la vida. 

Desde un sentir más empático y consciente, hoy 5 de junio nos sumanos en la proclamación del  Día Mundial del Cuidado del Medio Ambiente, exigiéndonos los unos a los otros, el compromiso y colaboración de todas y todos. Se lo debemos a nuestra tierra.