Un niño haciendo malabares o limpiando parabrisas en los cruceros del estado… Vendiendo dulces en el zócalo capitalino, el andador turístico o principales calles de la ciudad… cargando cajas en la central de abastos o trabajando en campos de cultivo por más de ocho horas… 

Esta es la realidad que viven miles de niños y niñas para poder sobrevivir.  Esta es una realidad que no queremos ver, que no queremos conocer; que deja en descubierto, en evidencia, la crueldad del ser humano contra quien no se puede defender, contra quien no tiene ni los medios, ni los recursos o el apoyo para decir, ¡Basta!.

¡Basta! Si,  Basta contra el maltrato,  la agresión, el abuso y el homicidio de las niñas y niños; ¡Basta! de seguir lastimándonos los unos a o los otros, de seguir normalizando actos de violencia contra quien nada debe; ¡Basta! de seguir exigiendo  responsabilidades a quien no le corresponde; ¡Basta! de seguir quitando las sonrisas, alegrías y sueños de los niños y niñas.

Este escrito está dedicado a ellas y ellos, a esos más de 66 mil niñas y niños del estado que se enfrentan a diversas situaciones y contextos de vida; a ellas y ellos que han sido silenciados, invisibilizados, omitidos y olvidados… olvidados como un mal que debe desaparecer.

Si, son los niños y niñas de la calle,  indígenas, migrantes, huérfanos, las personas más pobres, las más desfavorecidas… son ellas y ellos quienes que por diversos azares de la vida, de la familia; por las malas administraciones gubernamentales, por las malas decisiones políticas y económicas; por la falta de educación, de oportunidades; por la predominación cultural de un sistema patriarcal tradicionalista; por todo esto, son ellas y ellos  quienes viven directamente las consecuencias más atroces de este sistema de desigualdad.Son las niñas y niños quienes en el estado representan el diez por ciento del índice total de la población económicamente activa ( 118 739.5 de los 1 187 395

millones de niños y niñas del estado); a quienes las horas de juego y diversión, se les ha cambiado por horas de trabajo y producción, realizando actividades no permitidas o que ponen en riegos su integridad, acompañado además, de  dotes de violencia y maltrato no solo físico o verbal, sino también violencia sexual, emocional y/o psicológica.

¿Que muestran los datos? Los datos demuestran que 6 de cada 10 niñas y niños han experimentado algún tipo de violencia en su hogar; 1 de cada 2 ha sufrido alguna agresión psicológica por un algún miembro de su familia; 3 461 han sido víctima de violencia sexual (por mencionar, en Oaxaca solo el año pasado se registraron 202 casos); o que en promedio cada día mueren 3 menores por violencia y más de 3.2 millones de niñas y niños desarrollan trabajo infantil  (UNICEF, 2019) (INEGI, 2018-2019).

Sí, es esta la realidad que no queremos aceptar, de la cual no nos gustar hablar porque sabemos que las cifras mienten en tanto que no incluyen todos los casos de violencia y agresiones reales; porque no todos se denuncian; porque se esconden. 

Ver noticias nacionales como el caso de la pequeña #Fátima, la desaparición y asesinato de nuestro pequeño vendedor de globos #Nico o casos locales como la muerte de una bebe por lesiones de abuso sexual en la agencia de San Pedro del municipio de Zaachila; son una pequeña muestra latente de las atrocidades que viven miles de niños y niñas.

Lo más preocupante es identificar que son hasta estos momentos, hasta estos grados, cuando se visibiliza la existencia aguda de este tipo de realidades violentas, cuando mostramos interés pasajero a la atención de la agenda pública del cuidado de las niñas y niños, pero que son actos que llevan largo tiempo de gestación y de manifestación. Sus derechos, como la alimentación, el juego, la educación, la salud y bienestar, entre muchos más, son violentados diariamente, es un mal que no se detiene.

Estas son las expresiones más profundas de las brechas y disparidades que existen, y que están vinculadas a complejas agendas de discriminación, de reproducción de estereotipos de género, en detrimento de las niñas y los niños como un sector vulnerable, en donde como sociedad jugamos un papel central al asumir valores negativos de exclusión, marginación, desplazamiento y maltrato.

Es así como esta carta nace como un grito de desesperación, de reclamo, de reproche ante la perversidad que sufren los niños y las niñas; el interés es reconocerlos y compartir con ellos nuestro sentimiento de solidaridad, de saber que no están solo, que acompañamos su proclamación al decir con fuerza, ¡Basta!.

Desde Espiral por la Vida, decimos Basta a todo tipo de violencia contra las niñas y los niños oaxaqueños; por un mundo lleno de sonrisas y sueños cumplidos, ¡Basta!.

Si,  los retos y problemas nos rebasan; tenemos pocas respuestas y soluciones ante los grandes embates que enfrentamos…, pero, unidos por el bienestar y desarrollo de todas las niñas y los niños, lo lograremos. SÚMATE.