En América Latina, han pasado casi tres décadas desde que se empezó a reconocer, en mayor o menor medida, la diversidad étnica y cultural de las sociedades.

Para el contexto mexicano, es apenas en el año 2001 cuando se reconoce en el artículo 2 de la Constitución Mexicana, la conformación pluricultural y multilingüista de la nación, basada especialmente en la riqueza cultural de nuestros pueblos indígenas.

Es necesario resaltar que este avance es producto de una larga lucha que diversos grupos indígenas encaran día con día  en defensa del respeto, protección y visibilización de sus derechos, su cultura, su territorio y su identidad, así como de la valoración se sus aportes históricos, económicos, sociales y políticos en la conformación de la identidad nacional.

No obstante, a pesar de celebrar cada 21 de mayo el día mundial de la Diversidad Cultural para el Diálogo y el Desarrollo, son aún muchos los embates que subsisten en el alcance de una sociedad justa para todas y todos.

Pensar en los procesos de exclusión y marginalización que viven aún diversas comunidades indígenas; la carencia de servicios públicos de educación, salud o de infraestructura; el acceso a programas gubernamentales, sociales y productivos, así  como la falta de oportunidades económicas; son un claro ejemplo de los problemas sociales a los cuales se enfrentan  hoy  en día en respeto de su cultural.

El ataque constante a la diversidad cultural se materializa en problemas de  desigualdad, discriminación y racismo.  De forma irreflexiva reproducimos acciones que atentan contra el respeto a la diversidad de nuestras comunidades,  por ejemplo, el desplazamiento de las lenguas indígenas por el aprendizaje del idioma español; la falta de atención al fomento y conservación de sus expresiones culturales tales como sus bailes e indumentaria; la deslegitimación de sus cosmovisiones de vida y sus conocimientos, así como de la perdida de sus tradiciones y costumbres, forman parte de estas acciones de omisión.

Dentro de las comunidades indígenas oaxaqueñas estas lógicas de exclusión y disgregación  han llevado al levantamiento para la defensa de su territorio, al respeto de su soberanía alimentaria, de sus formas de organización, a  exigir el cuidado de sus zonas arqueológicas, del cuidado y respeto de sus recursos naturales, así como de la protección de sus tradiciones y costumbres.

Considerando que la diversidad cultural es detonante para el desarrollo del  crecimiento económico, que para el caso oaxaqueño se presenta a través de la promoción de artesanías, bordados y/o textiles; estas acciones terminan en situaciones de despojo, en devaluación de sus costos de elaboración, en plagio de sus artefactos y, en la sustitución de los medios artesanales de producción por mecanismo de producción en serie; además de no ser valorado ni renumerado el trabajo que las mujeres realizan en la elaboración de estos productos.

Es erróneo pensar  que la diversidad cultural es la causa de conflictos sociales, cuando en verdad el problema es tratar de suprimirlos, ya que la diversidad cultural es una fuerza motriz del desarrollo, no sólo en lo que respecta al crecimiento económico, sino como medio de tener una vida intelectual, afectiva, moral y espiritual más enriquecedora dentro de nuestras comunidades.

Es necesario combatir la polarización y los estereotipos culturales, que presentan a nuestras comunidades en un estado de atraso, de inferioridad, las cuales propician la existencia de acciones de discriminación y racismo, de exclusión frente a la alteridad.

Si pretendemos dejar a nuestras hijas e hijos una sociedad en la cual nos podamos desarrollar de forma libre, donde sean respetados nuestros derechos, nuestras diferentes formas de pensar y de ser, es importante empezar por respetar la diversidad cultural mediante acciones diarias; tomar  consciencia de la importancia de ejercer valores de inclusión, de tolerancia y combatir los estereotipos que los procesos de globalización y modernización han impuesto en desvalorización y deslegitimación de las diversas expresiones culturales. Todo esto permitirá la integración de toda y todos, reconociéndonos como personas con derechos, obligaciones y con igualdad de oportunidades y desarrollo. 

Desde Espiral por la Vida A.C., demandamos el respeto a la diversidad cultural de nuestras comunidades indígenas, la propiciación de un dialogo intercultural y la cooperación entre los diferentes sectores sociales para asegurar el bienestar de las comunidades indígenas fortaleciendo la diversidad de expresiones culturales y contribuyendo en la construcción de una cultura nacional que valore y respete la diversidad cultural como patrimonio de las futuras generaciones.